Ayudar a un familiar con problemas de juego: guía práctica
Para ayudar a un familiar, hablá con calma y sin reproches, ofrecele ayuda concreta y cuidá tus propias finanzas. En la Ciudad, un familiar puede pedir a la Lotería que contacte a la persona para ofrecerle la autoexclusión. En la Provincia hay un programa gratuito.
Querer ayudar a un familiar que juega de más es difícil: hay enojo, miedo y poca información. Estos pasos te ayudan a hablar con calma y a saber dónde pedir apoyo.
Cómo ayudar a un familiar: primeros pasos
- Elegí un momento tranquilo para hablar, sin reproches.
- Contale qué viste y cómo te afecta, sin acusar.
- Escuchá y no exijas una respuesta inmediata.
- Ofrecé ayuda concreta, como una línea de ayuda o un grupo de pares.
- Cuidá tus propias finanzas y tu salud.
En general no podés obligar a tu familiar a dejar de jugar: la decisión es de la persona, y los programas oficiales son voluntarios. Acompañar sirve más que obligar. Si no reconoce el problema, evitá discutir en medio del enojo y retomá el tema con calma y con hechos concretos, como montos y fechas.
El pedido de un familiar en la Ciudad
En la Ciudad de Buenos Aires, un familiar puede pedir a la Lotería de la Ciudad que contacte a la persona para ofrecerle la autoexclusión. Pueden hacerlo el cónyuge, el conviviente y los ascendientes y descendientes hasta segundo grado de consanguinidad, con un formulario online que lleva tus datos y los de tu familiar. Después, la Lotería cita a la persona, le cuenta del pedido y le ofrece autoexcluirse. Es voluntario y la decisión final es de tu familiar. Como se entera del pedido, pensá cómo se lo vas a contar antes de enviarlo, y si te preocupa, consultá antes en el 0800-666-6006.
Más ayuda y cuidado personal
El programa de asistencia de la Provincia también atiende a las familias afectadas, de forma pública y gratuita, y Jugadores Anónimos tiene una sección para familiares y amigos. Si ya hay deudas, ordenarlas con calma y sin apuros ayuda a bajar la tensión en casa. Y cuidate vos también: acompañar cansa, y hablarlo con alguien de confianza ayuda. Quien acompaña también necesita apoyo.
